23 Feb La fachada captora del proyecto de la biblioteca de manlleu
La fachada ventilada es una de esas soluciones que, por razones de espacio o de presupuesto, a menudo se descartan. Sin embargo, puede resolver muchos de los problemas habituales del proyecto. Entre sus ventajas más relevantes destaca la posibilidad de ubicar la protección solar dentro de la cámara, de manera que queda protegida por la piel exterior y resguardada de la intemperie.
Además, mejora de forma notable el comportamiento térmico del cerramiento: en verano permite evacuar el aire recalentado, y en invierno posibilita aprovechar el efecto invernadero, incrementando la eficiencia energética del conjunto.
En el proyecto de la Biblioteca y Archivo Municipal de Manlleu se propuso una solución de doble fachada ventilada que, además, permitiera recuperar el calor generado en la cámara por efecto invernadero, funcionando de forma análoga a un muro Trombe. En un primer momento esta estrategia se planteó únicamente para la fachada sur, pero las simulaciones energéticas realizadas sobre el edificio aconsejaron extenderla también a la fachada este.

Como en cualquier proyecto con sensibilidad hacia la eficiencia energética y la optimización de recursos, el análisis climático y las condiciones del entorno inmediato fueron determinantes en las primeras fases del proceso. Manlleu es una población de unos 20.000 habitantes situada en la comarca de Osona (provincia de Barcelona). Su clima es continental húmedo y, por su ubicación en la Plana de Vic, se ve afectada por el fenómeno de la inversión térmica, lo que explica la frecuente aparición de nieblas matutinas en los meses fríos. En invierno las temperaturas suelen oscilar en torno a los 0 ºC, mientras que en verano pueden superar los 31 ºC, con una amplitud térmica cercana a los 20 ºC, característica de los climas interiores.
En cuanto a las condiciones del emplazamiento, el solar se sitúa entre medianeras, con una fachada principal orientada a este y otra a sur. Ambas se abren a espacios públicos, por lo que las condiciones de asoleo resultan óptimas para una estrategia de captación térmica. Un estudio cuantificado del potencial solar de ambas fachadas permitió superar una barrera conceptual habitual: se comprobó que, dadas las dimensiones de la fachada este, una fachada captora podía alcanzar, en determinados periodos, niveles de captación equivalentes a los de la fachada sur.

A esta envolvente se le asignaron tres funciones principales: protección frente a la radiación, control del deslumbramiento producido por luz directa y captación solar para el atemperamiento del aire primario. Protegerse de la radiación solar suele parecer sencillo en una fachada sur: en verano la incidencia es menor y en invierno se maximiza. Pero cuando las exigencias superan lo estrictamente térmico, la fachada sur puede presentar en invierno problemas comparables a los de una este-oeste en verano. Sin una protección adecuada, el deslumbramiento por radiación directa puede generar molestias importantes. Esta fue una de las razones por las que se decidió aplicar un tratamiento análogo a dos fachadas, en principio, tan opuestas.
El aprovechamiento del calor en la cámara nace de la necesidad de atemperar el aire de renovación. Con las exigencias actuales del CTE, la ventilación ha pasado a ser, en muchos casos, un “enemigo” más determinante que el propio cerramiento: los edificios mejor aislados ven cómo el aire interior acondicionado se sustituye continuamente por aire exterior más limpio, pero a menudo térmicamente costoso de tratar. En un clima frío como el de Manlleu, la doble fachada se planteó como un captador que, por efecto invernadero, calentara el aire de renovación en invierno mediante su circulación por un espacio acristalado. En verano, un sistema de compuertas bloquea la admisión y permite la ventilación directa de la cámara, evitando sobrecalentamientos.
La fachada se concibió como una doble piel rellena de tubos de distintos diámetros y se convirtió en un elemento de relación entre el edificio y su contexto: su pasado, su uso y su carácter. Un aparente orden aleatorio en la composición dinamiza el plano exterior y lo transforma en un rasgo identificador del proyecto. Esta lógica no se limita a lo bioclimático: se traslada al interior para consolidarse como un lenguaje formal coherente.

El edificio incorpora una central de control capaz de regular las protecciones solares, la intensidad de las luminarias y la temperatura del aire impulsado, además de monitorizar la concentración de CO₂ para ajustar la ventilación y reducir renovaciones innecesarias.
Tras esta experiencia, puede afirmarse que lo que para algunos podría parecer una arquitectura “experimental” cuenta hoy con herramientas de simulación y datos técnicos muy sólidos. Frente a la arquitectura tradicional —que ha afinado soluciones a lo largo de siglos de prueba y error—, estas estrategias se apoyan en un conocimiento verificable que permite innovar con mayor precisión, dentro de un contexto tecnológico en continua evolución.
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