Romper la esquina: una decisión que parte del edificio
El proyecto de 24 viviendas sociales para INCASOL en Igualada parte de una pregunta:¿cómo se consigue dignidad espacial cuando el espacio es mínimo y los recursos son ajustados?
Cuando Wright rompía la esquina en sus casas de la pradera buscaba fluidez y conexión con el entorno. En nuestro caso la lógica es la misma, pero la escala es diferente: no es un gesto formal, sino una estrategia para disolver límites y ampliar la percepción de los espacios
Hemos probado de resolver la vivienda mínima con enfilada —esa tipología nacida en los grandes palacios barrocos que ha vuelto con fuerza a la vivienda social contemporánea. La conclusión es que, a diferencia de los palacios, acotar espacios cuando las dimensiones son mínimas no dignifica: rigidiza. La destrucción de la esquina, en cambio, abre sin derribar.
El vacío en los ángulos: cuando el límite desaparece
La planta de la vivienda es donde la decisión tipológica se concreta. Disponer el vacío en los vértices —tanto interiores como exteriores— no es una decisión formal: es una decisión sobre cómo se percibe el espacio cuando las dimensiones son mínimas.
En una vivienda social, cada metro cuadrado cuenta. Pero la percepción de amplitud no depende exclusivamente de los metros: depende de cómo la planta gestiona el límite y el vacío. No se trata de eliminar el límite, sino de hacer el espacio permeable y flexible.
La luz que atraviesa: el resultado de un argumento espacial
El resultado: Se transforma la relación entre interior y exterior, se diluye la idea de habitación cerrada y el espacio se percibe continuo, flexible y abierto, donde la dimensión real es contenida pero la percepción resulta generosa. El recurso: una esquina acristalada que permite la entrada diagonal de la luz y unos paneles correderos capaces de ajustar distintos grados de intimidad sin fijar jerarquías rígidas.
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